25 septiembre 2007

Hay que tener valor

...para conocerse a sí mismo, para despertar, para tener la conciencia limpia, para defender los valores en los que uno cree, para ser feliz, para creer en Dios, para enfrentar las injusticias, para vivir en paz, para seguir nuestros principios, para mirar directo a los ojos, para abrazar, para tomar la mano de un niño y guiarle hacia el mañana, para dar oportunidades a los jóvenes, para recorrer caminos propios, para hacerse a un lado y dejar paso a otras generaciones, para amar a quienes nos aman y a quienes no lo hacen, para expresar públicamente lo que se piensa... ¡Hay que tener valor!

Isabel Lessmann E.

17 septiembre 2007

El futuro es hoy

"Si educas a los niños, no será necesario castigar a los hombres". Pitágoras.

14 septiembre 2007

El gobierno que queremos tener

"Dígnense conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz". Discurso de Angostura. Simón Bolívar.


11 septiembre 2007

A votar porque me importa…

Cada vez que se desea captar a los jóvenes como grupo, (en Venezuela los menores de 17 años representan casi el 40% - UNICEF, 2005), se les describe como activos, apasionados, entusiastas y emprendedores, entre muchos otros atributos. Pareciera que les abrimos las puertas del mundo y les invitamos a comérselo y a la vez les metemos en la mochila las responsabilidades de las que nosotros, como adultos, pareciéramos querer deslastrarnos.

Pero cuando no se comportan como queremos, se convierten en esos pequeños monstruos que desconocemos como parte de nuestra sociedad y los llamamos insolentes, rebeldes, fanáticos, impulsivos y, sobre todo, inmaduros.

Se nos olvida que, como personas en constante crecimiento, todos somos seres inacabados, con muchos caminos por recorrer. ¡Qué diremos de los jóvenes!

La formación que llevan consigo proviene, en su mayoría, del entorno familiar y escolar y, en el mejor de los casos, de la comunidad, siempre llevados de la mano de alguno de los anteriores.

Cada paso que dan hacia la adultez les revela situaciones a las que antes nunca se habían enfrentado por lo que, de manera natural, querrán que se les tome en cuenta para nuevas responsabilidades y, en la medida de lo posible, adelantar su participación en las decisiones del mundo adulto.

¿Que si nuestros jóvenes de 16 años pueden votar? No lo dudo. Y biológica y fisiológicamente también están preparados para otro tipo de cosas para lo que consideramos, por ahora, que deben esperar: Nadie espera que sostengan un arma, fumen, beban, procreen… pero también están preparados para hacer eso… y algunos lo hacen. Pero no es eso lo que necesitamos que hagan, por ahora. Es la precocidad conducida a nuestro antojo.

Nada puede adelantarnos las experiencias. Nadie “escarmienta en cabeza ajena” y mucho menos aprende a ser mejor ser humano así. Sicológicamente esas mentes están, y lo seguirán por mucho tiempo, en período de adaptación, desarrollo y crecimiento.

Hay muchísimas otras actividades que necesitan desarrollar nuestros jóvenes para convertirse en adultos sanos y productivos. La educación, la salud, la alimentación y la vivienda son derechos básicos, concretos, que debieran estar asegurados antes de pretender avanzar en los que convienen a unos.

Parece que olvidamos que es sólo en la quietud de algunos años vividos cuando nos damos cuenta de nuestros errores por lo que muchas veces decimos: “Si hubiera sabido entonces lo que ahora sé”. Cualquier iniciativa que pretenda adelantar acontecimientos es, a mi juicio, una valentonada basada en el “porque puedo hacerlo” y nada más.

Isabel Lessmann E.

10 septiembre 2007

Experimentar la verdadera paternidad

“Vosotros —sobre todo los adolescentes— vivís una edad difícil, llena de entusiasmo, pero expuesta también a extravíos peligrosos. Por vuestra falta de experiencia corréis el riesgo de ser víctimas de especuladores de emotividad, que, en vez de estimular en vosotros una conciencia crítica, tienden a exaltar la despreocupación y a proponer opciones inmorales como valores. Reducen todo umbral entre el bien y el mal, y presentan la verdad con el perfil mudable de la oportunidad.

Deseo que tengáis a vuestro lado padres y madres que sean auténticos educadores; amigos sinceros, leales y fieles; personas maduras y responsables, que se preocupen por vosotros y os ayuden a tender hacia las metas elevadas que Jesús mismo propone en el Evangelio.

Quisiera dirigir aquí un apremiante llamamiento a todas las instituciones educativas, a fin de que se pongan sin ambigüedad al servicio de las nuevas generaciones para ayudarles a crecer de modo sereno y conforme a su dignidad. Me dirijo, ante todo, a las familias cristianas, a fin de que sean auténticas comunidades, "laboratorios" donde se eduque en la fe y en la fidelidad al amor; familias creyentes, dispuestas a ayudar a las que atraviesan dificultades, para que todo hijo que nazca pueda experimentar la tierna paternidad de Dios”.

Juan Pablo II a los jóvenes -5 de abril de 2001

07 septiembre 2007

La respuesta debe venir del amor

Los eventos que nos toca vivir en nuestra vida están determinados por elementos que dependen de nuestra decisión y conciencia y por otros que no lo son tanto, como los que suceden en la comunidad, ciudad, país o mundo en el cual nos tocó en suerte despertar, aún así, la última decisión de cómo enfrentarlos siempre nos pertenece.

Sabemos que cada uno de nosotros es el resultado de experiencias, que nos llevan, en el mejor caso, a un aprendizaje, y reconocemos, además, que dentro de nosotros están las pistas para nuestro caminar por la vida y que es cuestión de sólo detener nuestro agitado ritmo y escucharnos para actuar con conciencia. Así, cuando nuestro entorno comienza a cambiar y a parecernos árido e improductivo, siempre habrá algo que, desde los valores aprendidos en familia y en colectivo, nos ayude a entender y a actuar.

Sabemos también que el mundo es un vitral en el que cada uno de nosotros aporta la forma, el color y la textura de su pieza preferida, que la verdad es compartida y no le pertenece a uno solo y que nuestro entorno es mutable y que hay valores particulares que tienden a adaptarse para asegurar la felicidad del individuo y del colectivo. Aún así, se considera un efecto acumulativo que nos lleva a un punto más ventajoso, más adelantado, más sano para la vida en sociedad, que permite que los nuevos valores resguarden los derechos obtenidos y nos permita apuntar hacia otros más nobles y altruistas… ¿o no?

En Venezuela, a pesar de tantas encuestas históricas en las que se hablaba del facilismo de su gente, de la flojera y de la viveza, entre otros, siempre se nos reconoció la amabilidad, el optimismo, la familiaridad en el trato, el respeto al otro, la democratización de nuestras decisiones colectivas, el tesón en el trabajo para surgir como individuo dentro de una sociedad y, con esas reglas de juego fijadas por nosotros mismos cada uno, a su manera, vivía su identidad desde su realidad particular.

Pero, de pronto, todo cambió. El irrespeto, la violencia, la agresividad, la injusticia, la impunidad, la intolerancia y la protección de papá Estado se unieron a la ya existente corrupción, improvisación, facilismo y viveza para crear un nuevo, diferente y desolador paisaje.

El individualismo es el Norte en estos días en nuestro país. Y la palanca, el amiguismo, el “ponme donde jaya” llevado a su máxima expresión, se tomaron de la mano de las nuevas herramientas “civiles”: la descalificación, la argumentación fatua, las palabras vacías, la provocación, las mentiras, la amenaza y el bloqueo de oportunidades para el contendor. Se creó a un enemigo interno al cual se acude cuando el fantasma exterior no es suficiente y se acalla la disensión.

Todas las buenas intenciones, las ideas nuevas, las estructuras lógicas de convivencia, las propuestas innovadoras han pasado a un segundo plano, a uno propagandístico, a uno en el que priva a quién conoces y qué puedes ofrecerle para obtener tu tajada y ya sólo se mide el efecto de las palabras en votos contabilizados por máquinas contaminadas.

Parece que esa mariposa que batió sus alas en algún lugar del mundo miró con envidia a Venezuela y creó el mayor caos posible logrando dividir a los hermanos.

Siempre es momento para rectificar, de detenerse a pensar en las consecuencias de nuestros actos, en la tranquilidad de conciencia cuando se pone la cabeza en la almohada, en la mirada fija y confiada que nos devuelve un espejo…

Siempre es hora de fluir hacia el exterior y llenarlo de todo lo bueno que tenemos por dentro. La respuesta debe venir de nuestra naturaleza bondadosa y compasiva; la respuesta, necesariamente, debe ser constructiva, de uno en uno, de hermano a hermano, de vecino en vecino, la respuesta siempre debe venir del amor. Participa tú también en la cruzada de los valores y siempre realiza una acción de la cual puedas sentirte orgulloso al final del día.

Isabel Lessmann E.

06 septiembre 2007

Nuestra cruzada

Hay que tener valor es:

Una comunidad interesada en defender y cultivar los valores, un proyecto alrededor del cual podamos:
  1. Ayudar a revisar nuestras actuaciones y nuestras prioridades en la vida y cómo ellas tienen repercusión en nuestro entorno.
  2. Integrar al niño y al joven como personas claves en el proceso de continuidad de los valores que creemos son los que debemos seguir como individuos y sociedad.
  3. Sembrar, reforzar y poner en acción los valores que nos identifican como venezolanos responsables, proactivos y conscientes de que con su esfuerzo y trabajo alcanzarán la felicidad en sus vidas y en su entorno.
  4. Hablar con una visión diferente del tema sin caer en monótonos sermones sobre el bien y el mal.
  5. Invitar a la comunidad bloguera a formar parte de esta Cruzada de valores para que den cabida en sus blogs a pensamientos positivos, de esperanza y crecimiento personal.
  6. Exponer y defender la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración de los Derechos del Niño.

Isabel Lessmann E.